Había una vez un mundo dentro de las paredes, dentro de la inocencia de la niña que duerme la eternidad, vive un hombre alado, un dragón, en noches de tormentas y noches de peligrosas lunas rojas.
Tanto el hombre y el dragón son dioses del limbo, existen solo en ella, poseen ojos melados, cálidos y grandes; un corazón valiente y noble.
Al amanecer de los días normales fuera del muro.
Perciben el peligro, olfateando el aire y se preparan para la batalla, son los demonios del pasado, que vienen a reclamar los cuerpos guardados en las cubetas sin tiempo.
La contienda se inicia con la mente y termina en una pelea sangrienta de cuerpo a cuerpo,
Estas luchas duran hasta que el último maligno perece.
La niña permanece en su ingenuidad, mientras sus héroes perduren en sus sueños y la corrupción de las mentes, de los cuerpos estén detrás del límite, los sentimientos por encima del temor, las tuercas de la demencia, el desamor y la maldad, queden fuera.